Saturday, December 17, 2005

La Importancia del Imaginario en la Conquista Americana

Esta investigación tiene por propósito principal mostrar los incentivos que tuvo el hombre que decidió emprender camino a lugares desconocidos y probar que el motor propulsor no radicó sólo en factores económicos y políticos, sino, también, en los aspectos culturales que imperaban en la época, en donde las incertezas que rodeaban al “ Mundo Nuevo” de América, dieron el impulso final para dar lugar a la articulación de las creencias del mundo occidental.

Es por esto, que al definir los objetivos se pueden señalar los siguientes: contextualizar los elementos culturales que imperaban en la época del descubrimiento, analizar los principales factores de las emigraciones de las creencias hacia América y por sobre todo mostrar los mitos más destacados.

En cuanto a la metodología este trabajo fue realizado, principalmente, con el texto de Jorge Magasich, titulado América Mágica. Por otra parte, cuenta con apoyos audiovisuales proporcionados por Internet, así como también de sitios que ayudarán a ampliar los conocimientos de quien requiera más información.

La Ciudad de los Césares

La primera noticia viene de la expedición al mando de Caboto, entre 1526 y 1530. Mientras su flota estaba inmóvil en el Río de la Plata, envía a tierra un destacamento de quince personas para “ descubrir minas oro y plata y otras riquezas”, a cargo del capitán Francisco César. Dos o tres mese más tarde vuelven solos “ seis o siete personas… hablando de tanta riqueza que era maravillosa”. Es probable que lo hombres de César hayan escuchado referencias a la brillante civilización del Perú, cuyos ecos llegaban hasta las costas del Atlántico. (1)

Esta exploración dio al cronista Ruiz Díaz de Guzmán ( 1563 – 1629), autor de la Argentina, la ocasión de montar una fábula adornando la aventura de Francisco César: cuando él y sus compañeros egresan cargas de riqueza muy buena ropa, encuentran el fuerte deshabitado y deben entonces emprender una larga marcha hacia llegar a una cumbre donde se pueden ver ambos océanos. De allí continúan hasta el Cuzco, ciudad que alcanzan en los días que Pizarro arresta al Inca. (2)

El mito de la ciudad encantada de los Cesares se compone de cuatro elementos fundadores: las riquezas “ vistas” por el destacamento de Francisco Cesar; los náufragos de la flota de Alcazabar, del obispo de Plasencia y de Sarmiento; los rumore de ricas ciudades organizadas por la nobleza inca fugitiva y el misterioso paradero de los infortunados colonos del su de Chile. (3)

La imaginación colectiva establecerá un vínculo entre estos acontecimientos y hará de sus protagonistas felices y poderosos habitantes de una ciudad encantada. Con el tiempo, el mito se instala en Argentina y Chile, donde adquiere dinámica propia, independiente del país del cacique dorado y de los incas escondidos. La ciudad de los Cesares encontrará su propia fisionomía. (4)

A comienzos del siglo XVII, la popularidad de los Césares conoce un verdadero incremento. Desde destacados clérigos hasta el propio gobernador se inquietan por la rica ciudad perdida y se organizan en u búsqueda.

Cuatro reinos prodigiosos hicieron soñar a los conquistadores durante siglos:

a) Al norte de México, las siete ciudades de Cíbola
b) El Dorado en Colombia y en Venezuela
c) Entre Bolivia y Brasil el Paitití.
d) La ciudad de los Cesares en las pampas australes. (5)

Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2000. P. 110
2) Ibídem
3) Ibid. P. 112
4) Ibidem
5) Ibid P. 113

El Dorado

Las primeras noticias del más célebre de los Reinos Dorados vienen de la ciudadanía de San Francisco de Quito, en 1534. Hasta allí viajaba un indio para solicita ayuda de los españoles en la guerra que su pueblo sostiene contra los chibchas. Afirma que en su país hay mucho oro y descubre la ceremonia del hombre dorado que hará soñar durante siglos. (1)

Se trata de una triste historia: en la aldea de Guatavitá, en la actual Colombia, vivió un cacique que fue engañado por su mujer. Cuando descubrió la traición su indignación no tuvo límites: durante una fiesta la obligó a comerce “ las partes de la punidad de su amante” y ordenó que los indios cantasen el delito durante sus borracheras a vista y oído de todo el pueblo. La cacica, desesperada, no pudo soportar al humillación; por lo que cogió en sus brazos a su pequeña hija y se arrojó con ella a la laguna de Guatavitá. Los remordimientos invadieron el espíritu del cacique; su desgarradora aflicción solo menguó cuando los sacerdotes le revelaron que su mujer vivía en un palacio escondido baja la aguas de la laguna y que la podía honrar con ofrendas de oro. Desde entonces, el pobre cacique arrepentido solía navegar hasta el centro para arrojar objetos de oro y de esmeralda; iba desnudo, pero se embetunaba completamente con un barro pegajoso espolvoreado de oro molido. (2)

Otra versión dice que los herederos al cacicazgo debían vivir seis años en una cueva, sin comer carne, ni sal, ni ají; tampoco podían conocer mujeres ni ver la luz del sol. Llegado el día de la entronización, el primer acto consistía en entrar a la laguna, para ofrecer sacrificios a los dioses. Los indios encendían fuegos alrededor de la laguna, desnudaban al heredero y lo cubrían con un unto dorado hecho de barro y de polvo de oro. Subía a un balsa de juntos muy engalanada, cargada con “ un gran montón de oro y esmeraldas” y con un brasero encendido cuyos humos podían verse desde lejos. En el momento de la ofrenda se hacía silencio total, calladas las músicas y cantos, y el cacique arrojaba el tesoro a las aguas de la laguna de Guatavitá. (3)

Cronistas cuentan que cuando el impulsivo Sebastián de Benalcázar escuchó en 1534 la historia del cacique espolvoreado con oro molido exclamó: “ ¡ vamos a buscar a este indio dorado!”. Esta voz dio su nombra al más celebre de los mitos americanos y marca la partida de innumerables expediciones alucinadas por este reino imaginario donde aun daba el subyugante y diabólico metal. (4)



Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2000. P. 105
2) Ibídem
3) Ibídem
4) Ibídem

Friday, December 16, 2005

Americanización del Imaginario Español

Después de la captura de los inmensos tesoros Aztecas en 1532 se evidenció que el Nuevo Mundo no era Catay ni Cipango ni el Aurea Quersoneso ni tampoco Ofir y Tarsis, pero sí que el oro abundaba. Los mitos bíblicos y grecolatinos pasaron a segundo plano para ceder paso a nuevas leyendas nacidas del desconocimiento del terreno, de tradiciones indígenas y sobre todo de la imaginación de aventureros que vivían para dar con la fortuna.
El imaginario se americaniza. Si Cortes y Pizarro encontraron comarcas doradas, las inmensidades del continente debían esconder otras. Se las designa con apelativos maravillosos: Quivira, Civola, la tierra de las Amazonas, Omagua, El País de la Canela, Meta, El dorado, Manoa, Parima, Guypó, El Paitití, Los Cesares, entre otros. Estos nombres eran difundidos con la rapidez del viento, y como no siempre se repetían de la misma forma, el fértil e incierto terreno de la fantasía generó otros. Puesto que en estas materias es difícil alcanzar una gran precisión, los topónimos míticos y su localización solían confundirse. Pero de manera general es posible situar cuatro grandes reinos dotados con cuanto el hombre puede ambicionar: al norte de México las Siete Ciudades de Cíbola, en Sudamérica El Dorado y el Gran Paitití, y en tierras australes la Ciudad encantada de los Césares. (1)

A lo largo del siglo XVI, Lusitanos e hispanos se apoderan de América del sur. Portugal era entonces un país poblado por un millón de habitantes, cantidad insuficiente para emprender la ocupación intensiva de nuevos territorios; se limita a fundar factorías en las costas brasileñas y a organizar intercambios con los indios Tupinanbos. España, en cambio, con siete millones de habitantes, posee un excedente de población para la que América se trasforma en esperanza de una vida mejor. El flujo migratorio es de tales proporciones, que en 1525 el embajador de Venecia afirma impresionado que Sevilla era una ciudad poblada esencialmente por mujeres. (2)
Comienzan por fundar ciudades al estilo europeo en las costas del mar Caribe, como Cartagena y Panamá; continúan hacia Oeste y Sur, donde se instalan en las grandes ciudades aztecas de México e incas de Quito, Juaca y Cuzco. Erigen otras como La ciudad de los Reyes y Arequipa, más tarde continúan la progresión austral, levantando Santiago de la Nueva Extremadura, e inicia la penetración del estuario del Río de la Plata, que culminará con la fundación de Buenos Aires y Asunción. Las implantaciones hispánicas conforman una especie de franja alrededor del núcleo central del continente suramericano. (3)
En este lugar se alza la selva majestuosa. Los conquistadores, en su mayoría originarios de las tierras {áridas de Andalucía y Extremadura descubren las exuberantes e impenetrables espesuras del trópico situadas más allá de la vertiente Oriental de la cordillera de los Andes. Para llegar hasta ella, partiendo de Perú o Colombia, se debe escalar y luego descender de la cordillera, de Chile hay que atravesar el desierto y del Río de la Plata el chaco inhóspito. Luego la vegetación se hace tan densa que bloquea cualquier progresión; abundan los pantanos y los torrentes que con frecuencia se transforman en rápidos y en cataratas. El calor, la humedad y los insectos constituyen variados flagelos, por su parte los ríos y lagunas están infectados de caimanes, pirañas y anacondas, cuyo tamaño puede exceder una decena de metros. Cronistas releen cómo estas serpientes se enrollaban en la hamaca donde reposaba algún desafortunado conquistador, donde lo trituraban, lo ahogaban y enseguida lo engullían. (4)

Adentrados en un medio desconocido los soldados aventureros y valientes tenían grandes dificultades para encontrar alimento. Sobrevivían saqueando aldeas indígenas, lo que inevitablemente acarreaba la hostilidad de los habitantes de la selva, diestros en la guerra fluvial sobre sus maniobrables canoas y en el manejo de arcos y cerbatanas, que lanzaban flechas ponzoñosas punzantes. (5)
Bibliografía:
1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2000. P. 103
2) Ibídem
3) Ibid. P. 104
4) Ibídem
5) Ibìdem

Thursday, December 15, 2005

En busca de Las minas del rey Salomón


En 1434 se produjo un hecho sin precedentes: navíos portugueses enfilaban proa hacia el sur y franqueaban el cabo Bojador, límite austral del mundo conocido por los europeos desde la más remota Antigüedad. Los marinos, comandados por el Infante Enrique, procuraran una nueva ruta hacia los productos de las Indias y ansían encontrar el reino del misterioso Preste Juan para establecer una alianza contra los moros; pero, en lo inmediato, buscan acceder directamente al oro sudanés. Este deseo era tan fuerte, que bautizaron a los territorios inmediatamente al sur del cabo Bojador “ Río Ouro”, pese a que en esa región no existen verdaderos ríos y a que sólo obtuvieron oro en muy pequeña cantidad. Para financiar la empresa recurren a un antiguo comercio: allí parte, con destino a Lisboa, el primer contingente de esclavos africanos para ser vendidos en Europa. ( 1)

La exploración sistemática de las costas africanas prosigue hasta la llegada de Vasco de Gama a las Indias en 1498. Dos años más tarde, se le encomienda a Sancho de Tovar, un espía portugués, la misión de reconocer un rico africano del océano Índico llamado Sofala, donde se mezclaban negros, árabes, turcos e incluso chinos, y constata que el oro circulaba en grandes cantidades procedente de una civilización situada en el interior. se trataba de imperio de Monomopata, que mantenía relaciones comerciales con las ciudades del litoral. La fama dorada de aquellas tierras era conocida desde tiempos remotos; los moros decían que allí estaba Ofir y que la reina de Sabá era originaria de esas regiones. Muchos mapas portugueses dibujan allí unos misteriosos " montes de luna" don de sitúan las fuentes del Nilo. (2)

Desde su primer Colón había explorado el Caribe para encontrar la Isla de oro. Los indios le dijeron por señas que en la isla Babeque se cogía el oro en las playas, de noche, al fulgor de las antorchas , y a martillazos se lo transforma en lingotes. Aunque nunca se logró dar con Babeque, la isla atormentó a Colón en todos sus viajes En noviembre de 1492, la carabela de Martín Alonso Pinzón , abandona la flota con destino desconocido. Horrorizado, el almirante supone que uno de los indios capturados por Pinzón lo está guiando hacia Babeque y que llegará al oro antes que él. Pero nada de eso ocurre, por coincidencia los navíos de Martín Alonso y Colón se vuelven a encontrar en enero de 1493. Del oro de Babeque nada. (3)

Sólo en 1501, nueve años después del primer Viaje de Colón, se descubre una pequeña veta de oro en la isla Española, pero la producción es muy inferior a las expectativas de la corona. Al mismo tiempo Colón había caído en desgracia. Los colonos, decepcionados por la falta de metales preciosos se rebelan, el almirante es arrestado y retorna encadenado. En España es liberado y se le restituyen sus títulos, salvo el de Gobernador de la Española. En estas circunstancias se produce un acuerdo tácito: los reyes querían oro y Colón deseaba restablecer su honra. La corona le encomienda una cuarta expedición que debería llegar hasta las fuentes del oro navegando hacia Occidente, antes de que los portugueses lo hicieran por vías orientales. En 1502 zarpa de Cádiz una armada de cuatro navíos hacia un dorado destino. (4)

Al divisar tierra, nuevamente el Almirante cree navegar por las cosas orientales de Asia. Imaginaba la fisonomía de este continente tal como figura en el Globo de Bhaim: el Extremo Oriente se prolonga hacia el Sur en una península llamada Cittigara, detrás de esas tierras, un poco hacia el Oeste, se sitúa el Dorado Quersoneso. ( 5)

La flota explora territorios que el Almirante llama " Veragua", buscando un pasaje hacia el Aurea. En realidad, se trataba de las costas de América Central, entre Hondura y Panamá. en este viaje modifica su visión de las tierras descubiertas; en oposición a las afirmaciones hechas incluso en una carta dirigida al Papa, ahora las minas salomónicas no están en la Española sino en Veragua. (6)
Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.P. 93
2) Ibidem
3) Ibid. p. 95
4) Ibidem
5) Ibidem
6) Ibidem

En Busca del Metal dorado.


Más que la exploración de nuevas tierras, más que la ruta de las especias, más que la extensión de los dominios de los reyes católicos y de la cristiandad, más que la evangelización de los indios paganos y la lucha contra las idolatrías, los conquistadores buscaban oro. Este precario metal fue el móvil de los descubrimientos, un verdadero imán que atrajo aventureros exaltados por la obsesión de una repentina opulencia. ( 1)

El oro fue el primer metal conocido por el hombre. Se lo encuentra en la naturaleza en estado metálico puro y desde los tiempos mas remotos ejerció una formidable atracción a causa de sus raras características: posee el embrujo de su sereno y bello fulgor radiante, es maleable, o sea se lo puede convertir en láminas finísimas o en delicados objetos y, sobre todo, es n alterable. Su noble aspecto inmutable que resiste al paso de los siglos lo transformó en un valor inmortal. Pero es escaso y está disperso en forma de pequeñas pepitas; su esplendor y su rareza lo elevaron al rango de metal precioso por excelencia, universalmente codiciado, símbolo de opulencia y la de riqueza. El noble metal se convirtió naturalmente en instrumento de intercambios comerciales. ( 2)

Los europeos del siglo XV atribuían al bello metal extrañas características. El oro no se hallaba en cualquier parte. Debía encontrarse en países descomunales, muy distantes, en los que reina un clima paradisíaco. Sus naturales siempre jóvenes, disfrutan de una salud incomparable y, probablemente, estos parajes se encuentran en las vecindades del Jardín del Edén. En esos encantadores lugres el oro brota de la tierra, resultando de una extraña alquimia entre la acción del sol y la erosión de las piedras minerales. (3)

Pero el acceso a esas lejanas comarcas no es fácil; el oro está custodiado por enormes grifos y gigantescas hormigas que habían sido mencionados por Homero. El periplo hacia el oro se percibe como un viaje místico en el que se obtendrá recompensa sólo después de mostrar una perseverancia sin límites y vencer los obstáculos y peligrosos que acechan en el tormentoso camino. (4)
Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.P. 87
2) Ibidem
3) Ibid. p. 88
4) Ibid. P. 89

La fuente de la Juventud


Recuperar la juventud perdida es un anhelo semejante al retorno a la Edad de Oro, pero reducido a la escala de la vida humana. El sueño de vivir en plena salud, poseer siempre un cuerpo elástico y vigoroso, eludir el ocaso de la vejez, o sea conjurar el destino inexorable de la muerte, es una aspiración común a muchas civilizaciones que remonta a los albores de la historia. (1).

Un antiguo mito sumerio que se remonta a dos milenios antes de nuestra era, relata los fabulosos viajes de Gilgamés en busca de la inmortalidad. Llegó hasta la isla de Utnapistim, donde el único sobreviviente del Diluvio le indicó la manera de alcanzar su propósito: debía apoderarse de una planta marina cuyas espinas provocan un dolor insoportable. Se zambulló y la arrancó del fondo del océano, pero para su desgracia, cuando reposaba sobre una playa el alga fue devorada por una serpiente (2)

La Biblia confirma el agua como símbolo vital cuando menciona una fuente, anterior a la creación del hombre e incluso del paraíso:

No había aún sobre la tierra arbusto del campo, ni había brotado ninguna hierba del campo, porque el Señor Dios no había aún hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que la cultivase. Salía empero de la tierra una fuente, que iba regando toda la superficie de la tierra. ( Génesis 2, 5:69).

Puesto que esta fuente surte aguas a un lugar donde se desconoce el dolor, el trabajo y la muerte, era natural otorgarle propiedades extraordinarias. Siguiendo esa lógica, las aguas provenientes del Paraíso ocupan un lugar de honor en el imaginario medieval. Ellas representan la continuidad de la vida y la victoria sobre la muerte. ( 3)

En los años de los descubrimientos, el mito de la fuente atraviesa el Océano en la imaginación de los conquistadores. Los fascina la vegetación lujuriante, los paisajes idílicos y extrañamente, la edad y el hermoso de sus aborígenes. Colón, inmediatamente después de tomar posesión de las nuevas tierras en nombre de los Reyes Católicos, anota en su diario sus primeras impresiones sobre los hombres que las poblan. (3)

Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mugeres, aunque no vide más que una farto moca y todos los que yo ví eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de mas de XXX años, muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de cavallos e cortos. (4)

Los trina años eran entonces una edad considerada perfecta. Viejas tradiciones judaicas heredadas por el cristianismo indican que Dios creó a Adán en la lozanía de los treina años: alrededor de esta edad resucitó Cristo y han de resucitar los muertos después del juicio final. Colón cautivado por el embrujo de una naturaleza generosa, percibe los nuevos territorios y sus habitantes como un mundo inmaculado que excluye la vejez. (5)

Estas vidas prodigiosamente largas debían tener una causa. La representación de una fuente milagrosa, capaz de remendar las energías de los humanos, se asentó solidamente en las creencias de los primeros conquistadores. Algunos de ellos emprendieron su búsqueda. ( 6)

Pese al avance de los siglos, la añoranza de estas milagrosas aguas aún palpita en nuestros espíritus. Los muros de nuestras ciudades están cubiertos de imágenes evocadoras del mito. Hay pomadas maravillosas que borran las arrugas, estiran la piel y esconden el paso de los años. La fuerza regeneradora de los manantiales de agua purísima, surgidos de la naturaleza salvaje, se venden encerrada en envases de plásticos, como tratamiento casi milagroso contra todas agresiones de la vida moderna; permite adelgazar, purificar al organismo de toxinas y postergar las huellas del paso del tiempo. En el fondo las imágenes idílicas que anuncian estos productos, son una versión moderna del legendario sueño de Juan Ponce de León. ( 7)
Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.P. 55
2) Ibid. P. 56
3) Ibidem
4) Ibid. P.57
5) Ibidem
6) Ibid. P.59
7) Ibidem
8) Ibid. P.63

El conquistador y la Mitología Bíblica

La mitología bíblica inspiró de gran forma al inagotable imaginario del conquistador. Ellos identificaron a los indios americanos con las diez tribus perdidas de Israel que las autoridades doctrinales vinculaban con los pueblos apocalípticos de Gog y Malog. Transfirieron al continente americano el milenario mito de la fuente de la juventud y creyeron dar con la sepultura del Apóstol Tomás, quien, según la tradición, terminó su vida en las Indias. ( 1)

El mito de estos pueblos apocalípticos , surge cuando tras las Puertas cercanas al mar Caspio edificadas por Alejandro Magno , quedaron encerrados veintidós pueblos que iban a invadir la tierra cuando llegaron los tiempos apocalípticos del Anticristo. En este grupo quienes encabezan la lista son Gog y Malog, y figuran las bandas de hombres cabeza de perro ( cinocéfalos), los Sármatas y los Alanos. ( 2)

Esta historia es probablemente una vaga referencia medieval a la Gran muralla China, edificada tres siglos antes de J.C., y a las afirmaciones que figuran en la historia natural del romano Plinio. (3)

La primera mención de los pueblos que han de transformarse en hordas malditas está en el Libro del profeta Ezequiel, escrito en el siglo VI antes de J.C. cuando Ezequiel profetiza castigos divinos a causa del pecado de los hombres, habla de un rey Gog y de su pueblo Magog:

“ Hablóme el Señor diciendo: hijo del hombre, dirige tu rostro contra Gog, a la tierra de Magog, al príncipe y cabeza de Masoc y de Túbal, y profetiza contra él. ( Ezequiel, 38:1-2)”

Así como también, el último Libro de la Biblia cristiana vuelve sobre el tema profetizando la arremetida final de las hordas satánicas:

Mas al cabo de los mil años será suelto Satanás de su prisión. Y saldrá y engañará las naciones, que hay sobre los cuatro ángulos del mundo, a Gog y Magog, y los juntará para dar batalla, cuyo número es como la arena del mar. ( Apocalipsis, 20: 7-8)

Apoyada por referencias bíblicas, la creencia en estos pueblos adquiere una popularidad descomunal, tanto es así que trasciende las fronteras del mundo cristiano. Lo que marca es gran popularidad es la importancia al temor del ataque final que sirvió para explicar el origen de las invasiones que asolaron Europa: los hunos de Atila en el siglo V, seguidos por los Húngaros en los años 900 y los Tártaros del siglo XII, eran filtraciones o desbordes de los pueblos perversos aprisionados por Alejandro Magno que fueron vistos como un anticipo de la inexorable invasión final. ( 4)

Uno de los pocos viajeros medievales conocidos que presentó una visión más racional de estos pueblos fue Marco Polo. Para él, Gog y Magog estaban en la provincia de Tenduch ( Georgia), situada en los dominios del Preste Juan, en un territorio rico en la lapislázuli, oro, plata, con sus habitantes que fabricaban armas finísimas. (5)

En una Europa Mística, regida por los preceptos bíblicos, comenzaron a manifestarse asomos del racionalismo. En sus inicios, esta nueva forma de pensar no pretendía negar los dogmas sino explicarlos. Surge entonces la necesidad de poseer informaciones más precisas sobre los pueblos que amenazaban al Occidente. (6)

Al llegar el siglo XIII, la creencia en Gog y Magog sufre una transformación fundamental. En el tercer y cuarto concilio de Letran, la Iglesia adopta una actitud resueltamente hostil a los judíos; los monjes de las órdenes mendicantes pronuncian ardientes sermones que excitan el antisemitismo latente en buena parte de las poblaciones europeas. Se impone a los hijos de Judá un signo distintivo y se les obliga a vivir en barrios especiales, acusándolos de crímenes rituales, profanación de hostias y envenenamiento de pozos. En ese clima, la cristiandad cedió fácilmente a la tentación de establecer un asociación entre las hordas bestiales y las diez tribus perdidas de Israel. (7)

Por extraño que parezca, al asociación entre amerindios e israelitas corresponde al ideario de la época colonial. Los conquistadores victoriosos ambicionaban rápidas y opulentas fortunas; organizaron la extracción de minerales y se apropiaron de las tierras; los indios fueron forzados a vivir en estado servil bajo el régimen de las encomiendas o a trabajar en las minas en condiciones inhumanas. En este ámbito, su identificación con los judíos, considerados entonces grandes enemigos de la iglesia y expulsados desde España el mismo año del descubrimiento de América, contribuye a disipar eventuales escrúpulos de quienes se compadecían de su triste suerte. ( 8)
Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.P. 45
2) Ibid. P. 46
3) Ibidem
4) Ibid. P.47
5) Ibid. P.48
6) Ibidem
7) Ibidem
8) Ibid. P.50

El Renacimiento : El hombre confrontado a dos visiones

Los descubridores del Nuevo Mundo vivieron un momento de la historia en que se confrontaban dos visiones del universo. Predominaba la idea de que el mundo y sobre todo las vastas extensiones de tierra y de mar entonces inexploradas, podían ser interpretadas según las afirmaciones de las Santas Escrituras; pero, al mismo tiempo, se manifestaban los primeros asomos de un espíritu empírico y racional propio del Renacimiento. (1)

La generación de exploradores del descubrimiento de América, poseía una energía científica innovadora, marca de los albores de una nueva era. Debió aplicarse en aprender la lógica de los vientos y las corrientes marinas, saber de velámenes, construcción naval y astronomía e inspeccionar toda fuente que contuviera indicios sobre la geografía del planeta. (2)

Sin embargo, paralelamente a este extraordinario modernismo, coexistía una visión medieval del mundo. El espíritu de los descubridores estaba impregnado de mitos geográficos, desbordantes criaturas y lugares extraordinarios, mundo en el que el Paraíso Terrenal fue la pieza maestra del imaginario europeo durante todo un milenio. Acordes con su época, las teorías de colón expresaban el encuentro entre la geografía mítica del medioevo y los conocimientos geográficos de la Antigüedad Clásica vueltos a la luz en la época de los descubrimientos. (3)

Portugal es el primer Estado europeo que emprende sistemáticamente la búsqueda de nuevas rutas comerciales para alcanzar, sin intermediarios, la especiería y encontrar los codiciados metales. Una empresa de esa amplitud requiere codiciados metales. Una empresa de esa amplitud requiere conocimientos geográficos hasta entonces inexistentes. La necesidad de informaciones más precisas puso a los intelectuales europeos en la ruta de los clásicos griegos. (4)

Bibliografía:

1) Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.P. 21
2) Ibidem
3) Ibidem
4) Ibid P. 32

Wednesday, November 09, 2005

El camino hacia la América Soñada: De Oriente a América

Los grandes descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI produjeron un momento único en la historia. La memoria cultural europea había instalado sus mitos en el lejano Oriente; los libros sagrados y otras tradiciones profanas confirman que el Paraíso Terrenal, La fuente de la Juventud, las minas del rey Salomón, la búsqueda de la ciudad de los césares, entre otros mitos y leyendas, se hallaban en las extremidades orientales del continente Asiático, territorios apenas conocidos y prácticamente inalcanzable para los habitantes del Viejo Mundo.

Durante siglos, las especies que solo se encontraban en el lejano oriente recorrieron largas rutas en las que cambiaban varias veces de mano, pasando de mercaderes orientales a árabes y de árabes a occidentales, hasta llegar a alguna ciudad cristiana.

Cuando en 1453 los Turcos liquidan el agonizante Imperio Bizantino con la conquista de Constantinopla, las posesiones cristianas del próximo Oriente no lograron sobrevivir a la avalancha turca. Cada vez con más fuerza, la potencia Otomana se alza como una barrera entre intercambios comerciales entre el lejano Oriente y sus reinos cristianos. Con estos acontecimientos se comprendió que se estaba condenado a hallar nuevas rutas para llegar a las codiciadas especias. En estas circunstancias se hace evidente que la nueva ruta hacia oriente deberá pasar necesariamente por la Mar Océano.

Debido a que la comunicación entre Oriente y Occidente se fue obstaculizando aún más, los comerciantes europeos debieron hacerse a la mar para alcanzar directamente las especias, pero para lograrlo era necesario debelar los misterios que cubrirán la faz desconocida del planeta, atravesar océanos inexplorados, visitar naciones lejanas y misteriosas, como también acceder a todo cuanto, hasta entonces era inalcanzable, justamente donde el imaginario había creado mundos maravillosos, creando una América Soñada.

El descubrimiento de América parecía abrir una senda hacia ellos y en Europa se vivió la ilusión de que los mitos se encontraban al alcance de la mano: varias fantasías situadas por la imaginación en el oriente fueron transferidas al nuevo continente, donde, sobre un terreno fértil, recobraron vitalidad e incluso algunos de ellos experimentaron una curiosa metamorfosis.

Los mitos han actuado constantemente sobre el comportamiento del ser humano, pero en tiempo de los descubrimientos fueron un verdadero móvil de acción. Los intentos de descubrir los lugares míticos determinaron a menudo la acción de muchos conquistadores.


Bibliografía:
  • Magasich, Jorge. América Mágica. Editorial LOM. Chile 2001.

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